La elección de maternar

Una vez otra madre me dijo “solo es una cuestión de organización y logística”. Su análisis me dejó en un lugar muy incómodo. A mí nunca me alcanzó con eso. Tuve la enorme suerte de elegir ser madre, elegí tener una profesión, a veces elegí el tipo de trabajo que quería y a veces me eligieron, elegí parar un tiempo para dedicarme a la maternidad, elegí estudiar mientras esperaba a mi hijo menor, elegí volver a trabajar, elegí maternar, trabajar y estudiar nuevamente.



Todo eso fue posible porque tenía el compañero adecuado. El que respetaba mis decisiones, compartía las responsabilidades y me alentaba a ser. El costo fue elegir olvidar el rol de joven promesa.




Y también llegó un tiempo sin margen para el ejercicio de la libertad. Entonces hice y hago lo que debía, lo que debo. En todos estos años del deber creí que mi tiempo con ellos era la variable de ajuste, y así, la culpa y la angustia se convirtieron en mis compañeras de ruta.


Sin embargo, en estos siete meses de cuarentena entendí que -en realidad- mi tiempo conmigo es la variable de ajuste. Y esa sí es toda una elección. Equivocada quizás, pero elección al fin.

¿Qué todo tiene un costo? ¿Qué siempre hay que ajustar?... En mi experiencia, sí.


Y, a juzgar por los resultados, volvería a hacer todo igual.